Una mirada de ángel
David Ed Castellanos Terán
@dect1608
Les va a dólar hasta el tuetano, pero, las cosas como son. Y es que dicen los sabios que los ojos son la ventana del alma, y qué en Tamaulipas, hay un alma que se dedica incansablemente a devolverle la luz a esos ojitos tristes. Su nombre es María de Villarreal. ¡se los advertí!
La noche del pasado martes, el patio central de Palacio de Gobierno, claro, en el corazón de Tamaulipas, no solo se vistió de tradición con el certamen de Catrinas y el monumental altar de muertos; se transformó en el escenario de un auténtico acto de amor al prójimo.
Bajo el cobijo y la calidez de la presidenta del Sistema DIF Tamaulipas, se llevó a cabo la cena con causa “Almas Tamaulipecas 2026”. La velada, encabezada por el gobernador Américo Villarreal Anaya y su esposa, superó todas las expectativas de recaudación gracias a una convocatoria que solo es posible por la genuina bondad: unir a los tres órdenes de gobierno, alcaldes de los 43 municipios, legisladores, magistrados y autoridades universitarias bajo una sola causa que impulsa la dra. María
Y es que esa noche se fortaleció el actuar de la doctora María de Villarreal que anda por la entidad con la bandera en alto de la asistencia social ejercida con la pureza y la devoción de un ángel en la tierra. Con esa sensibilidad que la caracteriza, agradeció de corazón a los asistentes, recordando que el verdadero éxito de la noche se medirá en las miradas recuperadas de jóvenes y adultos mayores. “Son campañas muy hermosas en las que, el ver a las personas que recobran el poder ver… es una maravilla y es algo que les podemos proporcionar”, expresó conmovida.
Gracias a ese esfuerzo celestial, se financiarán de inmediato más de 100 cirugías de cataratas para familias prioritarias. Y esto aunqe les duele reconocerlo es la continuidad de un milagro que en esta administración ya suma más de 6 mil cirugías de cataratas y pterigión, además de otras mil 300 en proceso.
Mientras haya sombras que disipar, la doctora María seguirá caminando entre los tamaulipecos, recordándonos que la salud visual es, ante todo, un derecho a la felicidad.
En la intimidad… Por otro lado hay historias que nos recuerdan que la universidad pública es más que estudios a buen precio, alli en la la pública también egresan grandes triunfadores. El reciente testimonio de Mariana Cortés Espinoza, presentado en la Feria del Libro de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), es el ejemplo perfecto de cómo el arraigo y la técnica pueden converger para vestir de orgullo a toda una región.
La trayectoria de esta joven egresada de la Facultad de Comercio y Administración de Tampico (FCAT) rompe con el falso dilema que sitúa al arte y a los negocios en aceras opuestas. Desde su infancia ligada a agrupaciones universitarias como Jazz UAT y su posterior romance con el folclor, Mariana entendió la danza no como un pasatiempo, sino como una forma de vida. Sin embargo, fue la crisis de la pandemia de COVID-19 la que operó el milagro de la reinvención: ante la escasez de indumentaria escénica de calidad, cambió temporalmente las tablas por las agujas. Lo que inició como una solución personal a su necesidad de bailarina terminó convirtiéndose en una sólida empresa de confección del traje campero tamaulipeco.
Lo verdaderamente valioso de este proyecto es que no se queda en la mera maquila. Sus piezas rescatan la memoria colectiva del sur del estado a través de la interpretación textil del huapango, replicando las emblemáticas grecas, las tradicionales «barbas» y una paleta cromática viva que dialoga directamente con la cuera tamaulipeca. Pero la pasión sin estructura suele ser efímera; es ahí donde el paso de Mariana por las aulas de la UAT cobra un sentido absoluto. El respaldo de sus profesores y la formación administrativa le permitieron blindar su creatividad bajo el registro formal de su marca, transformando el talento empírico en una industria creativa competitiva.
Hoy, esas prendas que nacieron en el imaginario tampiqueño recorren un mapa envidiable: desde los desiertos de Baja California hasta el azul caribeño de Quintana Roo, cruzando además la frontera para vestir la nostalgia y el orgullo de las comunidades en Estados Unidos. Todo esto mientras su creadora sigue zapateando en escenarios internacionales, llevando el nombre de México a rincones tan distantes como Turquía, Rumania o Kosovo.
Al final del día, el éxito de Mariana Cortés no es un hecho aislado. Es el reflejo de una institución que entiende que su misión va más allá de las aulas. Al impulsar estos espacios, la UAT demuestra que preservar la identidad cultural no es mirar con melancolía al pasado, sino darle las herramientas del presente a los jóvenes para que sigan tejiendo nuestro futuro ante los ojos del mundo.
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