De padres a hijos, una familia mantiene viva su devoción a San Judas Tadeo
Por Alex Ruiz
La fe que Gabriela Alvarado aprendió de niña hoy la comparte con sus propios hijos. Cada 28 de octubre, ella y su esposo, Omar Hernández, acuden a la Parroquia Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en la colonia Cascajal de Tampico, para agradecer a San Judas Tadeo por la salud y las bendiciones recibidas.
Este año no fue la excepción. Vestidos en honor al santo y cargando una imagen, salieron desde la colonia Echeverría y caminaron poco más de 10 kilómetros para llegar al templo. Los acompañaron sus hijos, aunque uno de ellos no pudo asistir debido a sus compromisos de trabajo.
Para la pareja, esta visita tiene un significado especial, pues cumplen 10 años consecutivos acudiendo juntos. Sin embargo, la historia de su devoción viene de mucho antes.
“Mi papá desde chiquita nos traía aquí a esta parroquia y ya después yo, de casada, pues traigo a mis hijas”, contó Gabriela, quien ahora busca que sus cuatro hijos crezcan con la misma fe que le inculcaron sus padres.
Omar explicó que cada año acuden, principalmente, para agradecer por la vida y pedir por la salud de su familia. Con el paso del tiempo, lo que comenzó como una promesa se convirtió en una costumbre que los mantiene unidos.
“Más que una manda, ya se ha vuelto una tradición”, expresó.
Y es precisamente eso lo que quieren dejarles a sus hijos: una fe que no se quede en una sola generación, sino que algún día también compartan sus nietos y bisnietos. Por eso, recorrer más de 10 kilómetros para llegar ante San Judas Tadeo es, para ellos, mucho más que una visita; es una forma de agradecer, mantener viva la herencia de sus padres y seguir caminando juntos como familia.